miércoles, 16 de marzo de 2016

A cumbres borrascosas (Poema)



A cumbres borrascosas


Gimen los árboles, lloran,
lloran y gimen los árboles
cuando al vendaval imploran
y al cielo reprochan su abandono.

Por estos caminos, por estos lares,
el hombre es tierra, musgo, liquen,
donde hizo presa el viento,
y la borrasca se adueñó de su destino.

No es casualidad, que plenamente y sin medida,
el espectro de Catalina ocupe estos lugares
y habite el corazón de cada hoja desprendida.

No, no es casualidad, que Heathcliff en su locura,
en su condición de aparecido, aceche en el camino,
y como un lobo, aúlle en la noche, en el Páramo a la Luna.

Copyright © Servilio Casanova Pestano| Todos los derechos reservados.


viernes, 11 de marzo de 2016

AMANECE (Poema)





















AMANECE


Amanece, me levanto,
me incorporo al mundo,
al chorro,
con  pesadez en los hombros,
con frío en el alma,
aún sonámbulo,
como si fuera yo
ese último engranaje,
como la última bisagra,
ese gozne oculto,
ese hierro maldito,
que rezuma el óxido
de horas perdidas,
de pensamientos inanes,
de burbujas,
de desidias y de afanes
ocultos,
chirriando al viento
despacio,
cínico,
toda la impotencia,
la barbarie,
la injusticia,
la cólera callada
rezumando,
por esa herida abierta
en balde,
inercias que salen
del pozo del dolor.

Pero estoy aquí, aquí,
piso la calle,
deambulo por las horas,
como un perro perdido
voy,
camino por esta soledad,
esta soledad
llena de multitudes,
de gentes que van y que vienen,
esta soledad
angustiosa,
que se pierde
a lo lejos
como el tren desaparece
entre raíles,
colmada de seres que respiran,
que añoran, que hablan,
que ríen, que lloran,
que callan también a veces,
que desoyen las verdades
que tragan la mentira
por rutina,
y que se beben con rabia
a su pesar,
también a veces
la agria amargura
de sus silencios. 

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Mi alma (Poema)


















Mi alma


A veces…, no sé.
¿No sé, que es mi alma…?
Supongo que será aquello
que pienso y que siento,…
como las hojas que habitan
el corazón de un torbellino.

Y sin embargo…
Y sin embargo, a veces, no sé
si son las flores las que florecen,
o solo lo hace el polvo
en los bordes del camino.

Mi alma…
Mi alma detesta a veces
esos ruidos infernales
que avasallan la ciudad.
En cambio, vive en el campo,
planea sobre los montes
y muda como la niebla
dormita sobre la mar.

Mi alma…
Mi alma reniega a veces
de aquellos sabelotodo,
que gritan y que se crecen,
y aún, embadurnados de lodo,
señalan:¡Otros se equivocan…!
La única es mi verdad.

Mi alma…
Mi alma reniega a veces
de la palabra patria,
a veces tan unida a la palabra
bomba y a la palabra guerra.

Nunca renegaré de mi tierra,
pero si maldigo muchas veces
a las patrias, a las balas,
a las minas, a las bombas,
a los hombres y a las guerras. 

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miércoles, 9 de marzo de 2016

ENSUEÑOS (Poema)














ENSUEÑOS


Si mis deseos se realizaran
solamente con pensar...
carpintero de ribera, yo sería.
Y construiría una barca,
que desafiando al temporal
cruzara la mar bravía.

¡Y sentir la galopada¡
encima de un blanco corcel
que hunde sus cuatro patas
sobre la blanca llanura,
bajo la noche estrellada,
y enterrar las amarguras
en medio de la nevada,
surgiendo del blanco frío
recobrada la esperanza.

En la vieja Mongolia,
errantes centauros
recorren su tierra amarilla,
y se pierden sus patas
buscando la tierra
en las hondas creadas,
por vientos tenaces,
que agitan constantes
los mares de hierba.

Y Yo, que bien nací,
a la sombra del volcán.
¡Quisiera viajar allí¡
Donde orgullosos, cabalgan,
los nietos de Gengis Kan.

Y ser Isleño y ser canario
y un orgulloso centauro,
cabalgando a toda prisa,
empujado por la brisa
mitad hombre y mitad caballo.

Y siguiendo en terca carrera
alejado de la mar,
recorriendo medio mundo
por montañas y praderas
hasta llegar al Baikal,
¡tan cristalino y profundo!
y abrevando en sus orillas,
a ese centauro viajero
que descubre maravillas
en su perpetua carrera.

Quiero llegar más allá,
El Norte me llama,
¡La Taiga me está llamando!
me lo dice cada rama.
He de seguir cabalgando
sin la menor inquietud.
Un cazador me protege.
Es el espíritu de Dersú
que en la Taiga se derrama.
a veces le llama el viento,
y suena como un lamento
cuando su nombre proclama:
¡Gente es... Dersú, Dersú Huzala!

Deje detrás, las desnudas,
las inmensas tierras esteparias
para introducirme en la Taiga,
Centauro del Occidente.
Dicen que la Taiga está sola.
Dicen ¡qué está solitaria!
más, Dersú, siempre decía:
¡Que allí vive mucha gente!

Aquella, es la propia casa;
de gentes del aire y del agua,
de los que van por el suelo,
y de los que apenas se arrastran,
gentes árbol y gentes fuego,
gentes que habitan
en el calor de las brasas,
y gentes, la infinidad de animales,
gente es la propia tierra,
y gente es la raza humana.
¿Quién dijo que estaba sola?
¿Qué era la Taiga,... tan solitaria?
La Taiga no estará sola,
¡estando,... por tanta gente habitada!

Quiero llegar más allá,
¡El Norte me llama!
¡El Norte me está llamando!
he de seguir cabalgando.
Entro en tierras de penumbra,
¡tan alejadas del Sur!
aquí reina el abedul
y alguna plantita enana.
Los ojos me están diciendo
que estoy llegando a la tundra.

Jamás, hubiese llegado solo,
sin este fiel compañero,
este centauro viajero
que ha de llevarme hasta el Polo.

Quiero llegar más allá,
¡El Ártico me llama!
¡los hielos me están llamando!
he de seguir cabalgando.
Sopla una ventisca helada
sobre los blancos glaciares.
Ahora, pisa el hombre caballo,
Las frías tierras polares.

En mitad del oscuro invierno
me fascina contemplar...
Un extraño y fantástico meteoro.
¡Brillante,... como jamás brillara un tesoro!
¿Será el fuego de San Telmo?
¿O es la Aurora Boreal?
Quedo perplejo, el fenómeno mirando,
y sin darme cuenta, el centauro,
comienza a hundirse en la mar.

Al sentir el agua helada,
un violento despertar,
me hace ver la realidad
de estar tendido en mi cama.

Escucho el ruido del mar,...
del que baña a las Canarias.
Entonces, dejo el lecho,
y me asomo a la ventana.

Encima de un mar de nubes
¡aparece una montaña!
tiene la cumbre nevada
que a su figura agiganta.
Y, viendo al Teide, cubierto,
con su típico manto blanco,
de Tenerife y canario
más que nunca me sentí,
queriendo ver,... desplazarse,
por sus faldas como el rayo,
¡la silueta formidable,...
de un centauro!

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Los cuatro jinetes (Poema)
















Los cuatro jinetes


Cuatro jinetes cabalgaban
al socaire del dinero,
y los caballos pisaban
la pobre gente del pueblo.

Los pobres no les importan
solo interesa el dinero,
la negra senda que andaban
les conducía al Infierno.

El ruido de los caballos
y el sonido del dinero,
apaga el rumor de voces
que se levantan al Cielo.

Galopan cuatro caballos,
cuatro corceles negros...
Dieciséis cascos de acero
pisotean los sembrados
y donde crecieron  trigos
ahora,... florecen cardos.

La perdiz y demás aves
que anidaban en los campos,
son ahora negros cuervos
que están infectando el aire.

Enorme curiosidad la mía,....
acercándome a un jinete
por ver que rostro tenía.

Me dicen que era la muerte,
aquello que yo veía,
pero aquel  rostro sin cara
que en la capa se escondía,
sin tener rostro de gente
miles de rostros tenía.

Un pintor inteligente
de bucólicos paisajes
un bosquecillo pintaba,
pero a cada pincelada
el lienzo se ennegrecía.
y cada árbol pintado
en tridente se volvía
y horrorosamente a su lado
una máscara salía.

En grandes nubes de humo
los bosques se convertían,
y no se quiso escuchar
lo que las gentes decían,...
entre el humo, el dolor
y el hambre,
mientras la tarde cae
¡cuatro jinetes cabalgan!

Los timples ya no se escuchan,
ya no suenan las guitarras,
ni una  palabra sale
de sus bocas desdentadas,
la tierra queda tan sola,
tan sola y abandonada,
mientras la Luna sale,
grande, redonda y plana
¡cuatro jinetes cabalgan!.


lunes, 7 de marzo de 2016

NI SIQUIERA EL RECUERDO (Poema)
























NI SIQUIERA EL RECUERDO

Ahí, entre el plomo azul
que como una culebra
se escapa del ruido de los coches,
o, entre la grama agostada y las aceras
tachonadas de goma de mascar,
como un secreto pergamino
oculto a todas las miradas,
entre brumas nimbadas
de dejadez y de olvido
tu espíritu vagará, escondido
como un prófugo de la ley
que se oculta tras los pretiles
que separan los jardines…

Una cruz de piedra se levantó
para encadenar tu voz,
para disolver tu espectro,
para de una vez, borrar tu nombre
sobre el recuerdo sepultado.

Sentada sobre tu sangre
su sombra se proyecta
como un mástil de silencio,
que cae sobre el recuerdo,
sobre los siglos,
y encima del héroe
y la derrota de su pueblo.

Nunca gustó a los invasores
que los pueblos sometidos,
conservaran, ni sus costumbres,
ni sus lenguas, ni sus rezos,
y a resultas de todo eso,
es, por lo que del valiente Tinguaro
solo la magua nos queda,
ni siquiera nos dejaron nítido el recuerdo.

domingo, 6 de marzo de 2016

La vejez, la soledad... (Poema)


















La vejez, la soledad…


                                                                                                                                                                               
Ayer, al despertarme, me sentí viejo,
viejo, viejo, como la vieja pared
de un bancal abandonado,…
y triste y roto y yo que sé.

Y yo no entendía el mundo,
porque al mundo yo no lo veía;
pero el mundo ahí estaba, lo sé...
¿Fue mi ceguera,… pura melancolía?

¡No sé, no sé!¿ No sé que hay de verdad,
en esta aparente, loca y necia realidad,
y cuanto,… de sutil e inconsciente fantasía?

¡No, no, que no quiero sentirme viejo,
viejo como un aula abandonada,…vacía…
Viejo, en la más oscura y triste soledad!