martes, 2 de agosto de 2022

ULISES

 



ULISES



La paz definitiva, seguro, que no la hallarás,

en la comodidad aparente,

a la luz sombría de un antiguo palacio,

ni en el apartado reino de una isla,

donde sus habitantes te volverán la espalda

porque siempre verán en ti al rostro del poder,

la cara impasible y severa de un viejo tirano.

Solo tu perro te será fiel de verdad hasta su muerte.


Te sentirás arropado tal vez,

por el amor desinteresado

de una mujer madura,

la tuya,

a la que conquistaste más de una vez

como tomaste el abrupto paisaje 

de tu pequeño reino insular, 

ella es la única que aún recuerda el beso y la risa 

de aquel joven vigoroso

de días luminosos y de noches sin fin,

sabes que siempre te acompañará

como una barca desarbolada por el viento,

es carne de tu carne, dichoso tú, rey de Ítaca,

ella irá contigo hasta las mismas orillas de la muerte.


Ulises: las ralas guedejas de cabello que se desploman   

de tu frente encanecida, no reflejan ya,

al joven que aún navega

por las venas azules de tu cuerpo,

por el ponto que hierve en oleaje

en el fondo de tu alma desnuda de viejo timador.


Una y otra vez volverás a Troya,

aquella Troya lluviosa de Ares

herida por los vientos de la guerra…

una y otra vez seguirás con tus mentiras

y tus mañas, que fama te dieron por los siglos

y te llevaron incólume, con tus amigos en volandas

sobre las torvas olas y la piel satinada del piélago marino.


Prepararás tu mente con cuidado 

para ese último viaje

por el incierto mar y la borrasca impenetrable,

ya sabrás de sobra, como huir de los lestrigones

que aman la antropofagia, 

el negro placer de la carne.


Siempre serás Nadie para todos los Polifemos

que se crucen en tu camino

que solo pueden ver, un mundo mezquino y diminuto

a través de su inconmensurable y torpe ojo.


Te libraste del canto de las sirenas atado a un mástil,

pero no de la sombra de Áyax con odio en la mirada,

el destino echa sus cuentas

y cobra sus deudas como granos de sal.


Con los espectros de tus amigos llenarás de nuevo el barco

dispuestos todos a sentarse en los bancos 

y, bajo un cielo sembrado de estrellas,

con los brillantes remos, hendir la oscura mar.


Emprender ese último viaje con la velas de tu alma

desplegadas, 

henchidas a tope por las almas de tus compañeros

y la nostalgia de un viejo marino,

que quiere emprender así, en su barco,

un viaje sin retorno,

huir del mundo 

entonando la vieja canción de los héroes;

cruzando la mar infinita

mucho más allá de las columnas de Heracles,

llegar allí,

lejos,

muy lejos,

donde se forman los vientos y la borrasca poderosa…

Erguido junto al timón tu figura se refleja en el océano.

Por eso el Laertíada se acerca,

ahora,

pasa

ahí

frente a ustedes,

está aquí presente navegando los siglos,

viaja la eternidad sin detenerse,

   cruza ante nosotros, buscando ya los ojos del mañana, 

la brisa suave que hincha plácidamente

las velas de su nave 

y el corazón inmenso de un hombre mortal.


Copyright © Servilio Casanova Pestano| Todos los derechos reservados. 




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