EL VIEJO Y EL MAR
¡Viejo insensato así,
si no las atas,
se van a romper tus
velas!
Imposibles viejo, ahora
no le andes pidiendo
al cielo,
ni a las entrañas de
la tierra,
ni en el piélago
marino,
ni en la última
frontera,
pidas.
Ya se acabaron los
milagros,
ya terminaron las
promesas,
eres pasto del
destino y de la mar,
hacia el Golfo tras
su estela
tú tiras del sedal
por tu gran pez
pero es él quien te
lleva.
¿Y tú, viejo?
Ahí te quedas…
pues ya te vendió el
maldito Iscariote
por un escuálido puñado
de monedas
te vendió.
No escucharás mi
consejo
ni a tus manos ni a
tus piernas
oirás,
tal es la tozudez de
un viejo,
sigue implorando al
viento…
¡Que no te abandonen
las fuerzas,
viejo; adiós…
que te guarde el
cielo,
y que te proteja
el padre de todas las
galernas!
Tras su lucha con él,
ahí llega el viejo
rumiando
su orgullosa testarudez,
remolcando con su
barca
para vararlo en la
playa
el esqueleto
limpio del gran pez.
Viejo:
Ya se rompió por fin
tu mala racha
como se parte una
estacha,
se acabó,
ya es suficiente
historia
84 días sin pesca
Y una semana
para borrarla de la
memoria.
Días buenos te
esperan
contigo el chico de
nuevo
saldrá a la mar…
esto solo es el
preludio,
¿Qué más quieres?
Al precio de unos
días en tu lancha
y un pez devorado,
ya se salvó tu
orgullo.
El lívido espinazo
del pez
sobre tu tumba podría
ser
un símbolo de tu
valor,
una luz, y a la vez
un espejo blanco y
reluciente
como una lápida de
mármol.
Eres mi metáfora
predilecta
a veces viejo, pienso
qué
yo, podría ser tú,
incluso, dadas las
circunstancias
podría llegar hasta
ser el pez.