LOS HOMBRES SIEMPRE
SUCUMBEN AL CALOR
¡El
volcán siempre estalla cuando tiene que estallar,
con
Santo, con imagen o sin ella,
la lava
avanza,
siempre
llega a donde tiene que llegar!
Los
hombres sucumben al calor,
lo mismo
en Ciudad del Cabo
en busca
de diamantes,
que
sacando negro carbón
en una
vieja mina en la isla de Sptisbergen
o en otra
situada allá lejos, al norte de Saigón…
¡Todos
los hombres sucumben al calor,
lo mismo
les ocurre en mitad del hielo,
que en el
Trópico de Cáncer
o pasando
el Ecuador… los hombres
se
quiebran, se quedan mustios,
siempre
sucumben al calor!
La muerte
pasa a su lado
y apenas
si se dan cuenta,
escasamente,
un sudor frío y ya pasó,
los
labios blancos se quedan secos,
ojos
cerrados, manos abiertas,
nadie se
explica la parca muerte,
los
colmillos del viento que cierra el aire
y la
muerte fría que da el calor…
¡Los
hombres, lo mismo en Ciudad de Cabo,
que al
norte de Saigón, siempre sucumben al calor!
