Vestir la alegría
La alegría se envolvió
en su ropaje de colores
y vino
rauda
a posarse como un
pájaro
en la rama más alta, la
alta rama
del viejo árbol roído
por el tiempo,
sobre ese espacio
azul
niquelado de ausencia,
grabado por las sequías,
surcado por las
huellas de los pesares,
posada sobre ese
pobre gajo
teñido de añoranza,
abatido de
solemnidad,
impregnado por el
polvo
y por ese sabor
amargo
que sazona de
continuo
las pulcras alas de la
derrota,
el miedo y la
desesperanza…
Vestir la alegría,
Vestirla,
pero vestirla bien,
no como a un
inválido,
sino como se viste a un
pájaro
que trina hacia la
multitud,
hacia el eco grande
que reverbera en cada
pecho.
No se puede atrapar
la alegría
por mucho que lo
intentes,
porque se esparce
como el humo,
se te escurre como el
agua entre los dedos
y, si la aprietas, la
destruyes,
la asfixias como a un
pequeño pájaro
que agoniza entre las
manos…
¡Qué difícil es vestir
de colores la alegría!
Qué difícil, cuando
la tristeza del mundo
viene sentada a
horcajadas, montada,
cabalgando sobre el
lomo musculado
y reluciente de un
caballo blanco.Copyright © Servilio Casanova Pestano| Todos los derechos reservados.