domingo, 10 de abril de 2016

A CHÉJOV (Poema)
























A CHÉJOV

Chéjov te dio la vida,
MUJER,
una vida cargada
de sueños,
si,
y de proezas,
pero también
una vida
de inmundicias,
de excrementos de paloma
y de polvo de estrellas,
de vanidad insolente
y de mesura,
y te soltó en medio
del jardín,
de ese umbrío jardín
habitado por las almas
tristes de los muertos,
pues, no en vano,
Chéjov te parió
entre vómitos de sangre,
naciste a borbotones
de la fiebre
y del dolor,
de una cópula incesante,
enferma,
pero llena de grandeza, 
por eso, ese amor, 
nunca podrá saltar ya
las tapias del jardín,
vive enclaustrado,
preso
entre el fru fru
de las banalidades,
que es donde espumea
la verdadera
pobreza del espíritu,
donde el tedio apacienta
cada día a sus ovejas,
y el aburrimiento
saca el sable rebanando
la alegría a machetazos.

Por los anchos ventanales
de la casa
penetran, lánguidas,
casi, evanescentes,
las notas suaves
y melancólicas
de la tarde azul,
y suena la paz de un clavicordio,
mientras florece el samovar
en la tetera de tus sueños,
y, acaso,
bajo el humilde tesón
de unas miradas
que se vuelven anoréxicas,
cabrá dentro de un puño
el jolgorio de tu risa,
esa risa tuya,
amarga y doliente,
coqueta,
basta, gritona, 
falsamente alegre,
que aún así,
no da para tapar,
tanto vacío, tanta tristeza
acumulada,
no hay cera que cubra,
tanta desdicha,
no hay remedio,
de nada vale ya el jardín,
ni la flor de mil cerezos,
nada es suficiente,
nada, nada
para cubrir el hueco,
el arpón de soledad
que te atraviesa los costados.


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viernes, 8 de abril de 2016

Los genios como Poe (Poema)



























Los genios como Poe

(con sus relatos, han llenado
parte de nuestra vida).


Poe, cuantas veces he leído y releído tus relatos,
y, no pocas, me he impregnado en la angustia
y he zozobrado en mares espantosos de grima,
generosamente ocupados por seres espectrales.

Cuantas veces me habré bañado en los detritus
que tu loca imaginación creó bajo un cielo
tenebroso, feudo del búho y del murciélago,
plagado de enigmas, misterios y de espíritus.

Los que te admiramos te comprendemos.
Nada habremos de censurarte,
al contrario, discúlpanos, pues te debemos

mucho y, es tan poco lo que te damos…
Grande es tu obra, inmensa tu valía,…
por eso, ante tu genio a solas nos postramos.


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A la Casa Usher, y a todos sus relatos. (Poema)



























A la Casa Usher, y a todos sus relatos.



Cuando hayan desfilado los últimos espectros
o el retrato ovalado cambie de forma
ya sea cuadrado, o vaya a la redondez,…
¡te quedarás solo, solo, mirando a la Casa Usher!

Cuando el escarabajo de oro se torne opaco
como una momia, perdiendo su brillantez,
en la noche, un péndulo avanzará despacio,…
¡y te quedarás absorto mirando a la Casa Usher!

Alzarás la vista sobre los mapas de Mercator
y en un caballo de fuego galopa Metzengestein
hacia la quinta extraordinaria de mister Landor.

Amigo Poe, un gato negro se postra ante tus pies,
y,… mientras bajo unas tablas un corazón hace de delator,
¡tus ojos, atónitos, observan como se hunde la Casa Usher!

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A la magnífica literatura de Hallan Poe. (Poema)




















A la magnífica literatura de Hallan Poe.



Admirado: Edgar Allan Poe, si puedes oírme…¡Óyeme!
aunque el relámpago expanda su increíble resplandor,
y camines cubierto por el manto de la negra noche
de una tormenta imbuido bajo el brutal fragor.

Edgar Allan Poe, si puedes oírme,… ¡escúchame!
aunque viajes arrastrado por el ciego torbellino,
ese que a los marinos espanta y les llena de terror,
ese al que todos temen y que llaman “Ojo del Malestrom.”

Puede, que te encuentres, quizá, perdido,
o enajenado frente a un lápida de mármol,
tal vez frenético, delirante, enloquecido…

Y, solo escucharás,…  el tenue frufrú de un traje y, pasos leves,
que se acercan, fruto de un desvarío ocasionado por el alcohol;
pero…“¡No…, ella,  Laide Madeleine yace en la cripta, no puede ser!”

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Al cuervo (Allan Poe) (Poema)


























Al cuervo (Allan Poe)



Puedo imaginar aquel triste y gélido Diciembre.
Ver puedo, en la noche, el cuerpo rígido de Leonora,
su tez lívida, el sombrío y mudo aspecto de la muerte,
y el crujir escalofriante y seco, de la seda de las cortinas rojas.

Oír puedo los toques apenas perceptibles,
de un visitante frente a la puerta de tu casa;
un ser alado y oscuro, de ojos penetrantes;
y en tu cerebro el eco leve, del nombre de Leonora.

Ver puedo a ese negro córvido, cínico y aterrador,
que, al punto, se niega a devolverte la esperanza
y sádicamente, se recrea en tu miedo y tu dolor…,

permaneciendo ahí, en el dintel, sobre el busto de Palas;
ya, jamás contemplarás el rostro amado de Leonora,
pero de sus malignos ojos, no podrás librarte, nunca más.

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domingo, 3 de abril de 2016

ESTADO DE SITIO (Poema)

















ESTADO DE SITIO
                       
Hoy veo como aparecen
de nuevo ante mis ojos
luminarias en el cielo de la tarde,
fanales de luz que se levantan
... asomando imponentes contra el ocaso
con un brillo de candelas,
y observo una vez más
como se pintan
como cabalgan sobre el éter,
como se vislumbran
plasmadas cual certeros brochazos
esparcidos a voluntad
por una indecible mano
sobre el fondo negro,
sobre la inmensidad
del tiempo y del espacio,
sin amago y sin error,
tiñendo de colores el azul,
a las suaves blondas
del vapor de las nubes
y las pequeñas partículas que bailan
su sempiterna danza con el Sol…

Hoy observo de nuevo, la pulcritud
de lo que existe, porque existe,
y la necedad de encadenar la existencia
con falsas luminarias,
luchando a brazo partido contra el cielo
e imponiendo voluntades lapidarias,
declarando en estado de sitio al orbe
a golpes de pura avaricia y de soberbia.


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LOS MONTES DUERMEN (Poema)


















 LOS MONTES DUERMEN

Duermen…
Bajo un cielo sin nubes,
totalmente despoblado,
ausente de campanas,
parido de constelaciones
viejas, tiritantes,
frías y lejanas…
En la noche sigilosa,
los montes de mi tierra,
duermen…
Con esa dejadez
innata de los árboles,
y con la afable placidez
de los viejos centenarios,
los pinos,
duermen…
Los montes duermen…
Permanecen abrazados
al suelo,
hundidas sus raíces en la tierra…
¡Que es su madre!
que es su alimento
y su sangre,
sin opción alguna para
de allí huir,
para salir corriendo,
para escapar
del hórrido fuego,
de las llamas pavorosas
que alimentan los demonios
del desastre del incendio.
¡Los árboles, los bosques…
Los montes de mi tierra!
Duermen…
Duermen un sueño inmortal
de sonámbulos,
de dioses de guata,
guardando para siempre
en su recuerdo vegetal
de humus y pinocha,
la historia,
la histeria barata,
la miseria,
la ira y la memoria.

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